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A veces tengo tiempo de tener una práctica de cultivo de escritos y sensaciones.

Para Regina:

Anteanoche te pusiste de parto. Me quedé pendiente y acompañante. Escuchando, proponiendo y escuchando, escuchando…
A veces la astucia es más torpe.
A veces la admiración es precisa.
Ayer nació Guiem El Grande. Su mamá estuvo con él y para él en un ejercicio de maternidad que se me antoja impecable.
Conectar con el sonido de una mujer en su labor es maravilloso, crea una música que nos envuelve, atrayéndonos a la orilla de su magia como Sirenas literarias. El sonido con el que comulgan las mujeres desde el origen fundando origen, labrando la vida. Latiéndonos. Invitándonos a entrar al Tiempo.
Una primavera de 1997 fui al pueblo de mi madre, una aldea de Almería. Varias mujeres con sus delantales negros bordaban encajes de bolillo en la calle principal, quizás la única vena de un circuito seco de infancias. Me enamoraron esos viejos dedos que tejían veloces, ágiles y alegres musicando la calle que me filtraba a la infancia de mi madre (y a la mía) recordar los recuerdos que me contaba en el patio de otro país y que yo construía con aromas tan iguales y tan distintos.
En mi historia vuelve siempre la ausencia del aroma de mi madre cuando yo parí.

Anteayer una mujer era acunada por mis palabras mientras me contaba, convenciéndose a si misma, la hipótesis de que las personas mueren para dejar sitio a los que desean nacer. Recordé un comentario de Sasha de esos que apunto en algún libro desde que empezó a construir maravillosas frases con apenas 15 meses de vida.
Ayer nació Guiem El Suave, su papá acompañó en un ejercicio de paternidad que se me antoja impecable.
Olí su emoción y pude mirar sus lágrimas, como también pude componer las risas que llegarían poco después cuando el diafragma, al fin, se liberara.

Anoche seguí acompañándote en delirantes sueños, diversas cortas escenas que se resolvían distinto a todo nuestro plan, éramos muchas, había caras de amigas y rostros que aún no miré, éramos ladronas de nada, piratas de todo. En mi sueño todas improvisábamos a tientas, pero tú, querida, improvisabas a sabiendas.
Ese es tu mayor misterio, aunque no te dejen saberlo.

Me sé embellecida y agradecida de ti.
Me honra una mujer en todo el cuerpo.

Maica, 22 de enero de 2021.

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